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NUEVE ENTEROS Capítulo 9: Alí en el colegio "José Plata"
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Cuando María llegó a Mengíbar con Alí y las niñas, las familias de acogida habían preparado una gran fiesta. Alí estaba un poco nervioso, pero las pequeñas estaban muy contentas. María les había explicado que para estar más cerca de su padre, mientras se solucionaba el problema, lo mejor era vivir en Mengíbar. Allí había dos familias muy buenas y cariñosas que habían decidido acoger a los niños y hacerse cargo de ellos. Alí se quedaría en una familia que tenía otro niño de su misma edad, 9 años; y las dos pequeñas, con otra familia que vivía muy cerca, junto al parque, y que no tenían ningún hijo más. Alí y su hermana Nana se verían cada día en el colegio, el colegio José Plata, y todos los sábados jugarían juntos en el parque. Alí podría ir a visitar a sus hermanas todas las veces que quisiera. Al día siguiente, que era domingo, fueron todos juntos a pasar el día al río. María les había hablado durante el viaje de la importancia del Guadalquivir, pero Alí se llevó una decepción cuando comprobó lo sucio y abandonado que estaba. Recordó el gran río de su tierra, su querida Kenia. Juan Luís, su hermano de acogida, era una buena persona, pensó Alí. Seremos buenos amigos. Quizá hasta lleguemos a ser como hermanos. Y no se equivocaba. Desde el primer momento surgió entre ellos una amistad que duraría por siempre. Bien temprano se despertaron, se lavaron y ayudaron a preparar el desayuno y la merienda. El colegio estaba a la espalda de la casa. Vivían en la Casa Cuartel de la Guardia Civil y desde la ventana del dormitorio se veía la pista y los patios de la escuela. Alí recordó aquel primer día de escuela en España, pero este día fue diferente. Fue un día inolvidable para él. Poco a poco fue haciendo grandes amigos y amigas. Aprendió informática y ajedrez y en las matemáticas era un campeón. Formaba parte del coro y del grupo de teatro y pronto perteneció a los conciliadores escolares, encargados de resolver los conflictos que surgían en el colegio. Su familia estaba muy contenta con él y su padre se sentía muy orgulloso. Todos los domingos iba con María a visitarlo y Mohamed cada semana le decía que lo veía un poquito más grande. Un sábado en el parque, la pequeña pronunció su primera palabra: mamá. Todos se pusieron muy contentos y lo celebraron con gritos y palmas, pero Alí recordó a Yasmín y sus brillantes ojos marrones, su pelo oscuro y siempre recogido y la sonrisa que siempre tenía a pesar de los problemas y las penas. No lo habló con nadie.
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