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UN GATO EN PARÍS Capítulo 1: Un viaje inesperado
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En un pequeño pueblo de Andalucía, situado frente al mar, vive nuestro protagonista, llamado Curro. Curro es un gato callejero. Desde pequeño ha tenido que valerse por sí mismo y defenderse de todas las adversidades que se fue encontrando a lo largo de su vida. A consecuencia de todo esto, Curro es un gato audaz, atrevido, valiente y muy aventurero. Nuestro amigo, de cuerpo fornido, es de color negro y rabo blanco. Al andar tiene un balanceo muy elegante, se podría decir que roza la chulería. Su vida ha transcurrido mayormente en Chiclana, un pueblo marinero, en donde él ha encontrado su particular paraíso. En esta localidad es muy conocido por todos sus habitantes y en especial por los marineros, pues años atrás viajaba con ellos cuando salían a faenar al mar y, mientras, Curro se dedicaba a trabajar a su manera, pues dejaba los barcos limpios de roedores. Últimamente, el muy cuco, prefiere quedarse en tierra, ya que se ha hecho muy amigo de Pedro, el vigilante de la lonja, y según Curro, entre ratón y ratón se zampa un boquerón. - ¡Hola Curro! Hoy tienes que ponerte las pilas amigo, quiero esto limpio de bichos pues pronto atracará el barco “El Dorado” que viene hasta arriba de un buen atún del Atlántico –dijo Pedro. - ¡A sus órdenes jefe! Eso tiene que estar de rechupete. – pensó Curro Mientras descargaban el atún, a nuestro amigo se le hacía la boca agua de pensar en el manjar que tenía delante. A lo largo de la mañana comenzaron a llegar los transportitos, para llevar el atún a distintos lugares de Europa. - ¡Hola Pedro!, ¿Qué tal? – saludó René, uno de los transportistas. - Bien, como siempre – contestó Pedro. ¿Te has acordado de traerme el queso que te encargué? - Sí, como no, además te lo he comprado de Cámembert, hecho en una quesería familiar con muchos años de tradición. ¡Ya me contarás! -Dijo René. - Fenómeno – contestó Pedro. - ¿A qué hora estará preparado el camión? – preguntó René. - Dentro de una hora más o menos. - Pues entonces, ahora nos veremos. Mientras, nuestro amigo Curro estaba supervisando el atún con tal entusiasmo que se quedó atrapado dentro del camión. A la hora indicada llegó René y, tenía tanta prisa, que no revisó la carga, cogió los documentos y partió rumbo a París. A su llegada al mercado de St-Germain, uno de los más antiguos y famosos de París, René abrió el camión para descargar la mercancía, y cuál fue su sorpresa al ver las piezas de atún mordisqueadas. Curro salió corriendo y desorientado, pues no sabía donde estaba. Corrió y en su carrera atravesó uno de los puentes del río Sena hasta llegar al gran jardín del Palacio Royal, que está situado en el barrio Les Tulleries. - ¡Uff!, casi me atrapan. –pensó Curro. Comenzó a observar a su alrededor y vio que aquel paisaje era muy diferente al que él estaba acostumbrado, pues encontró muchos edificios grandiosos, elegantes y muy señoriales. Los jardines eran inmensos y muy laboriosos. Absorto de todo lo que estaba viviendo, siguió caminando y, sin saber cómo, se encontró de repente con unos feroces perros guardianes, que lo persiguieron hasta echarlo de allí. En la huída se cruzó con otro gato que también estaba escapando de los cánidos. Juntos, se refugiaron en el Centro Pompidou, uno de los museos de arte moderno más famosos de Europa, con tan mala suerte que se quedaron atrapados en uno de sus múltiples tubos que forman parte de la fachada. - ¡Quillo, que cerca hemos estado de los dientes de los chuchos! –comentó Curro. - Sí, ya lo creo - contestó el gato. - A todo esto, ¿cómo te llamas? – preguntó Curro. - Yo, Misie ¿y tú? - Curro, para los amigos. De esta manera comenzó lo que sería una gran amistad. Misie es un gato parisino, muy estilizado, educado y muy culto, ya que había crecido rodeado de arte, al ser su dueño el encargado de seguridad del Museo de Louvre. (En pocas palabras, un “finolis” según nuestro amigo Curro).
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